¡ACEITE DE ZANAHORIA PARA DAR Y REGALAR!

Si llevas un tiempo siguiendo mi blog y redes sociales, sabrás que me encantan las verduras polifacéticas… ¡esas que están llenitas de diversos nutrientes, que se pueden comer en crudo, beber en zumo o incluso disfrutar en cosmética! 

Pues hoy te quiero hablar de la zanahoria. Tan crujiente y fresca, tan dulce y amable… llena de vitaminas, fibra, antioxidantes… fantástica en cualquiera de sus formas. ¡Ya sabes que me me gusta tanto que hasta es el ingrediente estrella (en versión extracto de co2) de nuestro Sérum Revitalizante!

Pero hoy no me voy a extender en sus bondades Por el contrario, te voy a dar una receta que te va a servir de aquí en adelante, y que si te gusta cuidar tu piel y haces tus pinitos en crear tus propios productos, te va a encantar.

Vamos a hacer un ACEITE DE ZANAHORIA (aceite, oleado, oleato, extracto oleoso, macerado… llámalo como quieras). ¿Y para qué quieres tú un aceite de zanahoria? Pues se me ocurren varias razones posibles: como aceite corporal (para preparar la piel para el sol o como post solar por sus efectos antioxidantes), para añadir a tus cremas cuando necesites un extra de luminosidad (puedes hacer la técnica del huevo frito… 😉 un poco de crema en la palma de tu mano con una gotita de aceite de zanahoria en el centro), para subir de nivel tus mascarillas faciales o capilares… ¿te he convencido?

¡Allá vamos! Necesitarás:

  • Un par de zanahorias medianas, ecológicas.

 

  • 200ml de aceite de jojoba ecológico. He elegido el aceite de jojoba porque no se oxida, es genial para todos los tipos de piel y previene efectivamente la pérdida de hidratación. Si prefieres una versión más barata, te recomiendo el aceite de almendras dulces.

 

  • Un frasco de vidrio de 500ml de capacidad.

 

  • Un filtro de café o un paño tipo sábana.

 

¿Qué tenemos que hacer?

  1. Lavamos las zanahorias, las secamos y las cortamos en rodajas muy finas. También puedes hacer tiras con el pela patatas. La idea es que queden muy finas y se sequen mejor.
  2. Toca secar las zanahorias. Para esto, podemos utilizar un deshidratador (es normal que no tengas uno… aquí te dejo un par de alternativas), puedes poner la zanahoria sobre un paño encima de un radiador, o enhebrarlos con aguja e hilo y colgarlos encima de una estufa. La idea es que se sequen del todo sin quemarse ni perder propiedades por el exceso de temperatura. Estarán listas cuando estén crujientes.
  3. Una vez secas, ponemos las zanahorias en el frasco de vidrio, rellenamos con el aceite, cerramos el frasco y etiquetamos, poniendo qué es y la fecha de envasado.
  4. Dejaremos macerar la zanahoria en aceite durante un mes. Hay diferentes teorías sobre macerar al sol o en la oscuridad, al calor o al fresco… Hazlo como te apetezca, pero mueve el frasco cada día.
  5. Una vez trascurrido el mes, cuela el precioso aceite naranja resultante y envásalo en frascos a poder ser oscuros, y guárdalos en un lugar fresco… o mejor, ¡repártelos entre tus amigos! ¡Beta carotenos para todas!

 

Cuéntame… ¿te vas a animar a hacerlo? ¿Tienes alguna duda?

Por | 2019-10-07T16:48:37+00:00 7 octubre, 2019|Sin categorizar|

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